EL EXPRESIVO y rojizo rostro pareció encenderse. De manera automática, cambió el matiz de color.
La piel adquirió un
tono anaranjado, como el del fuego cuando consume a la madera.
La reacción, vino
luego de un comentario hecho sin malicia alguna.
¿De dónde saliste
sindicalista?.
La respuesta fue
violenta. Ardiente.
Primero agitó las enormes manos. Luego con sílabas
impregnadas de un visible tartamudeo, explotó al expresar:
Aunque te burles,
desde el día de mi nacimiento estaba marcado para encontrarme con lo que ha
sido mi vida: la lucha obrera.
La tronante voz, que
parecía iracunda, no cambiaba de tono. Por el contrario, era arrebatada.
El dedo índice
derecho de Leonardo Rodríguez Alcaine se contuvo en el pecho de quien hizo la
acotación.
Has de saber, agregó el que entonces era secretario general
del Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM),
que la vida me ha llevado a luchar por los asalariados.
La conversación inicial con Rodríguez Alcaine había iniciado
de manera trivial. Con temas relacionados a tareas inicuas.
Con el tiempo,
Leonardo habría de convertirse en el sucesor del máximo dirigente obrero: Fidel
Velázquez Sánchez.
A la muerte del compañero Fidel, como muchos solían
referirse, La Güera (Rodríguez Alcaine era conocido popularmente como La Güera,
mote que, según algunas versiones, le fue impuesto por el presidente Adolfo
López Mateos), arribó a la secretaría general de la Confederación de Trabajadores
de México, la entonces todavía poderosa CTM.
Rodríguez era de
carácter encendido, explosivo. Ni siquiera de mecha corta, más bien no tenía
mecha. Era colérico, frenético, pero amigable con quien él decidía mantener una
buena relación.
Para dar sustento a sus expresiones, el líder obrero agregó:
Nací un Primero de Mayo (el año de 1919), Día del Trabajo.
Ese parecía ser el sello de mi existencia. Aunque de joven nunca pensé que
habría de convertirme en un dirigente de la clase trabajadora.
Curiosamente el Día del Trabajo la mayoría de los
trabajadores mexicanos no laboran, descansan.
Fui chofer de don
Francisco Pérez Ríos, dirigente de los trabajadores electricistas. Un hombre
que me enseñó lo que es el sindicalismo. Él fue un baluarte para la industria
eléctrica mexicana.
Tras esos comentarios, la conversación se volvió moderada.
Charla amigable como era cada vez que dialogábamos sobre diversos tópicos que
eran el marco de una relación amistosa.
Leonardo Rodríguez Alcaine vio la luz en Texcoco, Estado de
México y murió el 6 de agosto de 2005. Fue un líder sindical y político
mexicano, militante del Partido Revolucionario Institucional.
Ese instituto político, también imperial y poderoso en esas
épocas, le permitió durante 24 años ser legislador. Dos ocasiones como Senador
de la República y cuatro como Diputado Federal.
A los 19 años de edad ingresó como trabajador de la Comisión
Federal de Electricidad, la empresa gubernamental de suministro eléctrico en
México.
En la Comisión
Federal de Electricidad, se integró a la estructura del Sindicato Único de
Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, del que se convirtió en
líder y, posteriormente, durante 8 años estuvo al frente de la central obrera
más poderosa de México.
Leonardo era
frenético con un lenguaje prosaico, altisonante y con frecuencia se confrontaba
con los periodistas que lo abordaban y con preguntas mordaces hacía se saliera
de quicio.
Por cierto, que de vivir, Rodríguez Alcaine cumpliría 101
años este próximo Día del Trabajo.
En otro orden de ideas, pero relacionadas con la fecha a que
nos referimos, el mismo día vieron la luz el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas
Solórzano (1 de mayo de 1934) hijo del expresidente Lázaro Cárdenas del Río y
fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD).
Fue tres veces candidato a la Presidencia de México y el
primer Jefe de Gobierno del Distrito Federal electo por votación. Durante su
militancia en el PRD se le describió como su líder moral.
Además fue Senador de
la república y gobernador del estado de Michoacán. También en esa fecha, pero
en el año 1917, nació Raúl Salinas Lozano (padre del expresidente Carlos
Salinas de Gortari) en Agualeguas, Nuevo León.
Fue un Senador de la República (1982- 1988), Secretario de
Industria y Comercio en 1958–1964, Embajador en la Unión Soviética, jefe y
director de Estudios Económicos de la Secretaría de Hacienda 1948 y 1954,
director de la Comisión de Inversiones de la Secretaría de la Presidencia
(1954-1958) y fundador del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP).
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