Entradas populares

domingo, 29 de marzo de 2026

LA INVASIÓN NORTEAMERICANA. CRONOLOGÍA. (Vigésima Tercera Parte)


Rafael Urista de Hoyos / Cronista e Investigador

  Febrero 2  1848

  Aprovechando la buena voluntad del plenipotenciario estadounidense, Mr. Nicholás  P. Trist, y del mismo general Scott, que temeroso que cayera el país en la más completa anarquía, procuraban celebrar un tratado de paz a la mayor brevedad, el gobierno mexicano, con el Presidente Peña y Peña al frente, nombró plenipotenciarios a los licenciados don José Bernardo Couto, don Luis G. Cuevas y don Miguel Atristáin y por los Estados Unidos ya estaba puestísimo Mr. Trist.

  Después de muchas consultas y conferencias, cuando ya desde el 8 de enero se había hecho cargo de la Presidencia de la República el señor De la Peña y Peña, el 2 de febrero fue firmado en la población de Guadalupe Hidalgo, el tratado de paz.  Integrado por 33 artículos, y cuyas estipulaciones eran las siguientes:  México cedía a los Estados Unidos:  Texas, Nuevo México y la Alta California quedando fijada la línea divisoria en el eje del Río Bravo con el eje del río Gila hasta su confluencia con el río Colorado, y de allí una línea recta que termine en el Océano Pacífico en un punto situado a una legua marina al sur de la parte meridional de la bahía de San Diego.

  Al firmarse el tratado, cesarían provisionalmente las hostilidades.  Después de la ratificación, cesaría el bloqueo de los puertos mexicanos y se haría entrega de las aduanas al gobierno de México.  La desocupación de la capital se efectuaría al mes de recibida la orden para ello, y la del resto del país dentro de los tres meses siguientes a la ratificación. 

  El Congreso de los Estados Unidos aprueba y ratifica los tratados de paz con México el día 10 de marzo de 1848, siendo la votación 38 votos a favor, 14 en contra y 4 abstenciones.  Mientras que, en el Congreso de México, reunido en la ciudad de Querétaro él día 13 de mayo, hubo una vivísima oposición en la discusión del tratado pero al fin la mayoría de él tuvo que rendirse ante la evidencia, al ver por los informes secretos que se le presentaron, que no había fondos, ni armas, ni municiones, ni soldados, ni espíritu público para proseguir la guerra.  La votación de los diputados fue de 51 votos a favor y 35 en contra, mientras que el Senado lo hizo con 33 a favor 4 en contra.  Y así, con la aprobación de los Congresos de ambos países, se oficializó el gran hurto perpetrado por un país poderoso, ladrón y brutalmente asesino; los tiempos modernos no ofrecen ejemplo de rapiña cometida en tan grande escala.

  Después de la ratificación del tratado, Los Estados Unidos deben pagar a México una indemnización de quince millones de dólares por la pérdida de su territorio, de los cuales tres millones al canjearse las ratificaciones, y el resto, en abonos anuales de la misma cantidad, ganando el seis por ciento anual sobre las cantidades insolutas.  El gobierno angloamericano se obligaba a impedir las incursiones de los indios bárbaros por la nueva frontera mexicana, así mismo se obligaban a pagar todas las reclamaciones contra México ya fijadas por convenciones anteriores y las que surgieran hasta antes de la firma del tratado, siempre que estas últimas no excedieran de tres millones de dólares.

  México perdió con este tratado y con una pistola apuntándole a la cabeza, un área que se calcula en 851,598 millas cuadradas, o sean 2,205,639 kilómetros cuadrados, es decir más de la mitad de su antiguo territorio.  Tamaulipas perdió la faja de terreno que se extiende entre los ríos de las Nueces y Bravo; Coahuila la porción comprendida entre el último río mencionado y el río de Medina.  Con los territorios arrebatados a México, los Estados Unidos conformaron los Estados de: Texas, California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México, Colorado y parte de Oklahoma y Wyoming, además en 1853 el ejército de los Estados Unidos ocupó militarmente el territorio llamado La Mesilla pretextando que eran parte de los comprendidos por el tratado Guadalupe Hidalgo y que por lo tanto les pertenecía; La Mesilla comprendía un área de 78,000 kilómetros cuadrados en los que posteriormente se edificaron las ciudades de Tucson y Bisbee.

  El gobierno de los Estados Unidos empleó en la guerra contra México veintisiete mil hombres del ejército regular, más setenta y un mil trescientos voluntarios y mercenarios, dando un total de noventa y nueve mil hombres; las pérdidas por muerte en combate y otras causas no bajaron de veinticinco mil hombres;  se emplearon además tres mil carros, doscientos cañones, otros tantos barcos y ciento sesenta y cinco millones de dólares, una cifra estratosférica dadas las circunstancias y la época, además de la debilidad del contrario al que le daban cuando mucho tres meses de resistencia y no los dos años y medio que se llevaron en dominarlo.

  A pesar de ello, la guerra con México fue un brillante negocio preparado por el voraz y ambicioso gobierno de los angloamericanos, desde que México se hizo independiente; pues las magníficas tierras de Texas, Nuevo México y California, sus puertos en ambos océanos , los placeres de oro y petróleo de allí a poco descubiertos, y todas las valiosísimas preciosidades incalculables que se encuentran en las entrañas de los valiosos terrenos que se enajenaron por medio de la fuerza, así como la explotación de bosques y ríos, y en general el aumento de su extensión territorial al doble, que hizo que se convirtiera, con el paso del tiempo, en el país más poderoso del mundo, compensó con grandísimas creces el gasto en hombres y dinero para realizar el robo más grande y espectacular, a la par que cobarde, que registran los anales de la historia del mundo.

  El senador estadounidense Henry Clay, uno de los grandes pensadores políticos estadounidenses, hizo un comentario en la Cámara de Representantes que en pocas palabras ilustra fielmente la agresión angloamericana contra México:  “Hay crímenes que por su enormidad rayan en lo sublime:  la toma de territorios mexicanos por nuestros compatriotas tiene derecho a ese honor.  Los tiempos modernos no ofrecen ejemplo de rapiña cometida en tan grande escala”.  Por su parte el general Ulysses Simpson Grant, un destacado oficial bajo las órdenes de Winfield Scott en la campaña militar contra Mexico y que después sería el gran triunfador junto con Abraham Lincoln en la guerra civil norteamericana, y finalmente Presidente de los Estados Unidos de 1869 a 1877, en sus memorias, publicadas en 1885, confiesa: “Yo  no creo que jamás haya habido una guerra más injusta que la que los Estados Unidos le hicieron a México. Me avergüenzo de mi país al recordar aquella invasión; nunca me he perdonado haber participado en ella”.

  ABRIL  8     1848

Hoy se embarca para su autoexilio en Jamaica, Antonio López de Santa Anna, protegido y custodiado por el coronel Hughes de las fuerzas invasoras, logrando así el traidor sustraerse al gobierno mexicano quien lo requería para procesarlo.

 JUNIO  3   1848

  Aprobados los tratados, abandonó la presidencia don Manuel de la Peña y Peña, para volver a la Suprema Corte de Justicia, eligiendo el Congreso como Presidente al general don José Joaquín de Herrera nuevamente, y aunque inmediatamente renunció, y como no le fuera admitida la renuncia, hoy 3 de junio toma posesión del cargo, trasladándose luego a Mixcoac, donde estableció su gobierno, en espera de la evacuación de la ciudad de México por las tropas invasoras.

  JUNIO  12   1848

  Hoy se retiran de la capital las tropas invasoras e inician la evacuación de todo el territorio nacional, y hoy mismo llega a la ciudad de México el Presidente Herrera y vuelve a ser izado en el Palacio Nacional el pabellón mexicano en medio de salvas de artillería y júbilo del pueblo.

                     Continúa en la vigésima cuarta parte.

0 comentarios:

Publicar un comentario