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domingo, 21 de abril de 2024

BOSQUEJO HISTÓRICO // Rafael Urista de Hoyos


 CONCLUSIONES Y BIBLIOGRAFÍA.

  Con la semblanza del presidente de México número 67 damos por terminada la secuencia general de todos los gobernantes que ha tenido la nación mexicana entendiéndose como “nación” al conjunto de habitantes que configuraron lo que históricamente se ha llamado “Anáhuac” o “Mesoamérica” (época prehispánica),  Nueva España (época colonial) y finalmente el México independiente.

  La época Anáhuac o Mesoamérica comprende 12 gobernantes Mexicas o Aztecas y tiene una duración del año 1325 al 1521 (196 años),  la época colonial o Nueva España comprende 63 virreyes con una duración del año 1521 al 1821 (300 años) y finalmente la época independiente que comprende 65 presidentes y 2 emperadores  con una duración del año 1821 al  2024 (203 años ).

  Como podemos ver, nuestro país con una edad de 203 años ha tenido 67 gobernantes a diferencia de nuestros vecinos, los Estados Unidos, que en 241 años de vida independiente (de 1783 a 2024) aparecen 47 gobernantes.  Esas diferencias un tanto incongruentes respecto de las cantidades tanto de años de independencia con la cantidad de gobernantes de uno y otro país, es el resultado de dos países exponentes de dos sistemas de colonización muy diferentes.  Los Estados Unidos son el producto de un sistema de colonización que bien podemos llamar “capitalista mercantil o premanufacturero”, frente al sistema feudal que caracterizó la colonización española de los actuales países latinoamericanos. 

  Los fundadores de Virginia, de Maryland, de Pensilvania y Nueva Inglaterra típicamente representativos de los pobladores de todo el territorio que ocupa en la actualidad la nación angloamericana, cultivaron el suelo e hicieron el comercio sobre la base de su propio esfuerzo personal, y limitaron los confines de la soberanía de la metrópoli y del Estado independiente que sucedió a aquella, sobre el territorio donde efectivamente ejercían su acción económica y que, por lo mismo, intervenían de modo efectivo.

  Los colonizadores españoles, por el contrario--- encomenderos, hacendados y empresarios de minas y propietarios de ingenio--- establecieron las bases económicas de las actuales naciones iberoamericanas sobre la explotación de la mano de obra indígena y negro-africana, en empresas genuinamente feudales.  Y en este caso la soberanía de la potencia colonizadora, a la que arrancaron su autoridad los Estados independientes que nacieron de aquella, abarcaba, en el caso de México, grandes extensiones territoriales sobre la que la soberanía era poco más que un título de valor nominal no respaldado por la acción de una obra colonizadora auténtica.

  Las consecuencias de ambos sistemas de colonización cristalizaron en dos tipos de nacionalidad de fisionomía y poderío bien definidamente distintos.  Porque en tanto que la nación angloamericana gobernó efectivamente su territorio desde el momento mismo de su independencia, los países de América Latina, principalmente México, heredaron de la metrópoli dilatadas extensiones territoriales que fueron del dominio teórico de aquella, pero que nunca fueron efectivamente poseídos, ni siquiera deslindados por la misma.

  Y sin duda que la estructura económica que heredaron de España  los países de América que ella colonizó, debe ser definida como la causa inmediata de las dificultades de todo orden--- económicas, políticas y sociales ---, que todos ellos, sin excepción, han encontrado en el curso de su desarrollo, en la misma medida que la prodigiosa velocidad del desarrollo del capitalismo angloamericano, ha sido posible, sin duda, gracias a la ausencia inicial  en el proceso de su colonización, de retardataria fuerza de tipo feudal.

  Así definidos los supuestos genéricos que caracterizan el poderío de México y de angloamérica (Estados Unidos) hacia la mitad del siglo XIX (1847), el choque que tuvo su expresión en la guerra motivada por la anexión de Texas, estuvo determinado, en cuanto se refiere a los Estados Unidos, por la dinámica del proceso expansionista de la nacionalidad angloamericana, entonces en el clímax de su propia integración económica. En lo que a México se refiere, los factores que  hicieron posible la victoria de los Estados Unidos en aquella guerra pueden resumirse en su propia debilidad económica, ya apuntada, de una parte, y de otra, la imprecisión de los límites de lo que fuera el virreinato de la Nueva España.

Ahora bien, el objetivo de este bosquejo es analizar a grandes rasgos todos y cada uno de los gobernantes que ha tenido México tratando de cubrir lo más importante de sus actuaciones en el ejercicio de sus mandatos, como lugar y fecha de su nacimiento y las actividades de su vida pública hasta llegar a ocupar el cargo de Presidente de la República y la forma y circunstancias que se combinaron para tal logro.

  No contiene biografías exhaustivas, sino un balance de sus éxitos y fracasos como gobernantes, de los problemas que tuvieron que enfrentar y de las soluciones u omisiones que caracterizaron sus períodos al frente del país.  No es tampoco una reseña detallada de la obra de gobierno de cada uno de ellos sino, más bien, el recuento de lo más representativo, el saldo final de su responsabilidad ejecutiva, de aquello por lo que la historia los recuerda.

  Alguna vez un historiador dijo que “México es un país en constante estado de guerra  con algunas aisladas explosiones de paz”.  Y efectivamente, desde que nuestra patria se conformó en una nación independiente los mexicanos nos hemos confrontado unos contra otros por diferentes razones, pero principalmente por detentar el poder de la nación y no por motivos patrióticos y pensando en el bienestar del pueblo mexicano, sino, tristemente, por razones perversamente personales y partidistas.

  Estos bosquejos históricos contienen la triste historia de esas perversiones políticas y militares a través de la actuación de los hombres que en México han ejercido el poder público de la nación.  Los mexicanos somos producto del mestizaje que llevaron a cabo los llamados “conquistadores” --- que por lo regular eran individuos de la más baja ralea de la sociedad española--- al fundirse con la noble sangre de los nativos de las tierras conquistadas.  Podemos decir que el mexicano heredó la barbarie de los depredadores españoles mezclada con la pureza de la sangre mexica y que por desgracia aquella ha predominado en la mayoría de los mexicanos actuales: la clase política mexicana.

  Comienza con los gobernantes de México-Tenochtitlan ya que fue esta civilización mexica la que tuvo el encuentro con los invasores extranjeros y precisamente de esa fusión surgió la Nueva España.  Sigue después el turno de los gobernantes del México independiente y es con estos que se inicia la triste historia de la nación mexicana, presa de los más bajos instintos de estos maquiavélicos personajes, que, con algunas honrosas excepciones, conforman el zoológico político nacional.

  La mayor parte ostentaron el cargo de presidente, aunque figuran dos emperadores y unas cuantas categorías más como juntas gubernativas, regencias, un triunvirato y un supremo poder ejecutivo. No obstante, los presidentes tienen a su vez otra clasificación, atendiendo al origen de su mandato, considerando la siguiente clasificación:

=”Presidente Constitucional”.  Es el que ha sido electo para el cargo según los mecanismos dispuestos por la Constitución en vigor.

=”Vicepresidente”.  Es aquel que cuando la ley establecía la existencia del cargo, suplía las ausencias temporales del presidente constitucional.

= “Presidente Interino”.  Es el designado, mediante el mecanismo constitucional correspondiente, para ocupar temporalmente la presidencia en ausencia del presidente constitucional.

= “Presidente Substituto”.  Es el designado para concluir el período constitucional inconcluso por renuncia, incapacidad o muerte del presidente de la República.

=”Presidente Provisional”.  Es el que transitoria y brevemente ocupa la presidencia en tanto la instancia legal facultada elige un presidente constitucional, o bien designa un interino o un substituto. 

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